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Rafael Bisquerra: "En el sistema educativo, todos los niños, además de aprender, tienen que ser amados"
 

 

El pasado 18 de marzo, el Centro Universitario Cardenal Cisneros contó con la visita y ponencia del profesor Rafael Bisquerra Alzina, Catedrático de Orientación Psicopedagógica y uno de los principales expertos  en Educación Emocional en nuestro país, en el marco del  Think Tank "Navegar por el universo de las emociones", dirigido a estudiantes de 1º de Grado.

El objetivo de la sesión fue resaltar la importancia de las emociones en nuestras vidas y en las relaciones con otras personas. A través de la esta actividad formativa, el profesor Bisquerra planteó cómo transformar las palabras que expresan emociones en un mapa que ayude a navegar por el complejo universo de las emociones, cómo se estructuran las emociones y su vocabulario propio y cómo tomar conciencia de la educación emocional.

El lenguaje de las emociones

Rafael Bisquerra propuso una primera actividad al auditorio, compuesto por más de 220 estudiantes, consistente en enumerar emociones para después proceder a su clasificación. En este sentido, el profesor destacó que no es correcto clasificar las emociones como positivas o negativas, ya que según definió, todas son adaptativas. “Las palabras tienen el significado que provocan reacciones y generan actitudes a favor o en contra en función de creencias, experiencias previas y reconstrucciones que hemos  hecho del lenguaje”. "Al hablar de emociones – resaltó- hablamos de una complejidad y el lenguaje es muy importante, siendo uno de los grandes problemas al estudiar las emociones que se utiliza un lenguaje coloquial en lugar de un lenguaje científico”.

Bisquerra resaltó que todas las emociones son funcionales y que por tanto todas son adaptativas, por lo que si reúnen ambas características es que son necesarias. Para su clasificación, el ponente se refirió a dos categorías de emociones, las que tienen presencia de bienestar y las que no. En este sentido, citó emociones como el miedo que puede percibirse como negativa, pero que en definitiva no lo es, dado que  gracias a él mejoran las posibilidades de supervivencia.

Durante toda la sesión, el profesor Bisquerra estableció un paralelismo entre el universo de constelaciones y estrellas y el universo de las emociones del individuo,en honor del astrofísico británico Stephen Hawking, fallecido ahora hace un año. “Las tres grandes constelaciones son miedo, ira y tristeza, entre las cuales el individuo pasa muy fácilmente de una a otra.¿Qué ley explica que estemos aquí y no a miles de kilómetros de distancia? Según la ley de gravitación universal los cuerpos se atraen. En medio de esa constelación que conforman la ira, la tristeza y el miedo se generan fuerzas gravitacionales de gran potencia que pueden llegar a atrapar a las personas, como son la industria bélica que genera miedo e ira o la droga, que genera tristeza.  Estas son las emociones que mueven la economía mundial", señaló el ponente.

    

Rafael Bisquerra enumeró también las siete emociones básicas definidas por el psicólogo Paul Ekman - la tristeza, la ira, la sorpresa, el miedo, el asco, el desprecio y la alegría-  quien demostró cómo el rostro de las emociones es universal y se refleja de modo muy similar en cualquier cultura o raza.

Constelaciones de emociones

El profesor se preguntó si el amor es una emoción básica y mencionó que ningún autor la sitúa como tal, sino más bien como “una reconstrucción social que hacen las sociedades a lo largo de la historia y que recibimos en la familia, los medios, la escuela y la sociedad”. "Hay una constelación compuesta por alegría, amor y felicidad. Que son reconstrucciones sociales de emociones muy importantes que hay que tomar en cuenta para educar. Porque hay niños que en su familia no van a sentirse amados y por tanto no van a aprender a amar", afirmó.

“Todos los niños en el sistema educativo, además de aprender han de ser amados”. Según resaltó el catedrático, "Es deseable que en los centros educativos, todo niño sea consciente de sus competencia  y que haya al menos un adulto que las conozca. El niño que cree que ningún adulto conoce sus competencias, al menos una de ellas, tiene una carencia importante, y  sea cual sea su competencia, hacer deporte, correr, dibujar o calcular, alguien debe conocerla y ser partícipe" porque, según dijo, el hecho de que un niño sepa que hay un interés o una capacidad que puede desarrollar, es un factor de prevención y de eso trata la educación emocional, en el sentido de que todas las personas nacen con capacidades, pero si nadie les enseña a desarrollarlas, no tendrán ninguna competencia.

Para finalizar, el ponente defendió que los conocimientos de neurociencia han de ponerse al alcance la humanidad por el bien de ésta: "Hay que hacer saber que a través de actividades como escuchar música, hacer meditación, leer, etc. podemos poner en juego las fuerzas positivas conscientes. Las distintas galaxias o familias de emociones". 

 

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